Termina Enero y creo que lo ha-he hecho bastante bien. La carne de mi carne sigue vivita y recuperándose como si le hubieran dado cuerda, estoy empezando a tener criterio respecto a
dónde quiero enfocar mi creatividad y qué
no quiero hacer; ronda por ahí un amante que
recibe y
entrega, aparte de poseer una de las mejores conversaciones del curso del Guadalquivir; vuelvo a tener el morro de presentarme a exámenes sin haber estudiado y
rellenarlos, conservo unos amigos provenientes del almacen "ya los querríais vosotros", y creo descubrir nuevos adeptos para la causa; tengo ganas de viajar, de hacer cosas, de implicarme en proyectos; hay asuntos explotando en mi cabeza, lo cual está bien, ES MOVIMIENTO, es que no me voy a volver a conformar; y lo que está bien se cuida, y lo que no está bien se reconoce, y luego se arregla. O se aparta. Sin melodramas.
Enero bonito. Enero sereno. Eso sí, se me ha hecho más largo que un día sin pan.
..........
Y, para cerrar, un fragmento que, en cierta manera, viene al caso y creo que nunca he transcrito por aquí:
"
El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio." Italo Calvino